Wa-ter-po-lo

Deporte olímpico desde 1900, el waterpolo logró la mayoría de edad a mediados del pasado siglo cuando el mundo entero quedó conmovido por las imágenes de un encuentro histórico que mostró crudamente la dureza de esta modalidad acuática. El Hungría-Unión Soviética de los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1956, ha quedado grabado en la memoria de todos los aficionados, que después se han ido multiplicando hasta la globalización del waterpolo, considerado hoy en día uno de los grandes deportes colectivos del calendario.

El tradicional dominio de Hungría se tornó en el imperio de los serbios, que actualmente demuestran su jerarquía en cuantas competiciones intervienen. 

Y antes de concluir el siglo XX aún dio tiempo a estrenar el waterpolo femenino, que llegó a los Juegos Olímpicos de Sidney, en 2000, para quedarse. 

Parafraseando a Pepu Hernández y su famoso Ba-lon-ces-to con el que coreó el triunfo de España en el Mundial de 2007, el waterpolo  disfruta ahora de una mayoría de edad que le permite estar a la misma altura que los otros grandes deportes olímpicos por equipos.

Y la oportunidad de seguir creciendo la tendrán en sus manos los Campeonatos de Europa de 2018 que van a celebrarse en Barcelona, verdadero acontecimiento que al interés deportivo de comprobar el estado de las principales selecciones del Viejo continente se suma la disputa del evento en una de las catedrales de esta disciplina, la piscina Bernat Picornell.