Munárriz: “Felipe es el mejor jugador del mundo”

Alberto Munárriz aguarda expectante el comienzo de una temporada internacional apasionante en la que ha de jugar un papel protagonista tanto con su club, el Atlètic Barceloneta, como con la selección. Ni de lejos se cree el líder de la nueva generación de jugadores españoles, pero todos le señalan como el talento que ha de encabezar la recuperación definitiva del waterpolo español. La Final Eight y Barcelona 2018 le tienen reservado un espacio muy destacado.

“La temporada se presenta muy bien. Yo estoy muy ilusionado. Primero será el debut en la Champions, donde estamos convencidos de que haremos un gran papel. Los fichajes del club han sido excelentes: dos jóvenes como Nico (Paul) y Álvaro (Granados) que ya dieron el salto en 2017 y dos jugadores ya consagrados como Felipe (Perrone) y Josic (Vrlic). Y por eso tenemos ganas ya de competir, de que empiece la competición europea”, explica Munárriz, convertido ya en una pieza insustituible en su club y pletórico de salud y forma física.

A sus 23 años, el jugador navarro, que debutó en la Liga Nacional con 14, afronta su quinta temporada en el club barcelonés. Munárriz siente devoción por Perrone, al que no duda en calificar como “el mejor jugador del mundo en este momento”. “Al lado de Felipe y de Josic (ambos proceden del Jug, actual campeón de la Champions) voy a aprender mucho –añade-. Felipe es un número 1 y mi mejor ejemplo: verle mandar en el agua, cómo entrena y cómo acaba jugando es increíble. Yo era más joven en su anterior etapa en el club y no lo recordaba tan espectacular”.

El jugador internacional, que sigue estudiando ingeniería industrial, no se considera una estrella del waterpolo pese a los elogios que le llueven desde fuera. “Para eso hay tener un waterpolo mayor que el mío, saber jugar más que yo”, exclama. Su deseo es “entrenar, jugar, crecer como jugador y aprender” para ayudar a su club primero y a la selección el próximo verano.

El objetivo de Munárriz en la Champions es estar lo más arriba en el grupo. “Si nos clasificamos pero por abajo –terceros o cuartos- corremos el riesgo de tener luego un cruce con Pro Recco u otro favorito que nos pondrá las cosas muy difíciles”, analiza.

Cuando habla de la selección no puede obviar la decepción que le supuso a él y a todo el equipo la novena plaza del mundial de este verano: “Tenemos una pequeña espina por lo de Budapest. No llegamos a jugar bien y acabamos un tanto defraudados. En casa, en los Europeos de Barcelona de 2018, podremos quitarnos esa espina y demostrar que tenemos más waterpolo del que hemos jugado este año. Tenemos un buen equipo, pero es cierto que era un proyecto nuevo con gente nueva. Creo que ahora dispondremos de más tiempo para preparar la selección y llegar al europeo convencidos de que podemos conseguir un buen resultado”.

Como sucede al resto de compañeros, la herida de Budapest parece que sigue abierta: “No acabamos mal y tampoco hay que hacer un drama, pero fue una decepción. Era un planteamiento nuevo y la apuesta muy valiente del seleccionador no resultó. Al ir con tanta gente joven ha de haber una adaptación, tanto individual como colectiva, para que nos acostumbremos. Los serbios, por ejemplo, llevan juntos desde 2009. Todo requiere tiempo. En el club y en la selección”.

Munárriz destaca el triunfo de Croacia en la final del mundial. “Serbia es muy buena –comenta-, pero al final esto es deporte y para nadie es fácil ganarlo todo. Además, Croacia jugó a las mil maravillas. De manual. Lo hicieron bonito y fácil. Fue un triunfo muy merecido”.

Al jugador del Atlètic Barceloneta le hace mucha ilusión competir en Barcelona 2018, donde podrá tener a familiares y amigos en las gradas de la Picornell. Y al pensar en ello vuelve a acordarse de la vuelta a la selección de Perrone”, que va a representar “un salto de calidad importantísimo”.

El “Chuletón”, como le conocen sus compañeros, también tiene palabras para sus compañeras de la selección femenina, a las que envidia por sus merecidos éxitos. “Nos alegramos por ellas –dice- como no puede ser de otra forma. Da envidia lo que hacen, claro está, pues en los torneos se plantan en semifinales o finales y juegan con las gradas repletas de público y en una atmósfera increíble. A mí eso me produce aún más ganas de entrenar y de seguir progresando”.

Felipe, mejor jugador del mundo